Mussolini y Hitler: el ascenso de los regímenes totalitarios
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La toma del poder
Benito Mussolini aprovechó el descontento para formar unas fuerzas paramilitares (fasci di combattimento) que, a partir de 1919, actuaron contra las organizaciones de izquierda. En noviembre de 1921, Mussolini fundó el Partido Nacional Fascista, que alcanzó rápidamente los 700.000 afiliados. Dotó al partido de un programa populista en lo social y adoptó una simbología propia.
En agosto de 1922, los fascistas consiguieron abortar una huelga general convocada por la izquierda. En octubre organizaron un golpe de Estado encubierto, la «marcha sobre Roma». La marcha finalizó cuando el rey Víctor Manuel III encargó a Mussolini la formación de un nuevo gobierno.
La fascistización de Italia
A partir de 1922, Mussolini elaboró una nueva ley electoral y convocó elecciones. El PNF obtuvo la mayoría absoluta porque, antes de las elecciones, amenazó a los partidos y sindicatos de izquierda. Las denuncias de la oposición sobre la existencia de fraude y manipulación electoral fueron contestadas con el secuestro y asesinato de Matteotti.
En 1925, Mussolini inició la instauración de la dictadura fascista, que se caracterizó por:
- Supresión de la democracia: suspensión de los derechos constitucionales, encarcelación de la oposición y disolución del Parlamento.
- Concentración de todos los poderes: Mussolini se proclamó jefe de gobierno y jefe del partido fascista.
- Corporaciones que reunían a empresarios y trabajadores, convertidas en nuevos organismos representativos de la sociedad (Ley Rocco de 1926 y Carta del Trabajo de 1927).
- Relaciones con el Vaticano mediante el Convenio de Letrán (1929), por el que se procedió al reconocimiento mutuo y se otorgó a la Iglesia una posición de privilegio social e institucional.
- Política exterior expansionista: Mussolini conquistó Abisinia en 1936 y liquidó la resistencia indígena en Libia, Eritrea y Somalia.
- Leyes raciales: dictadas en 1938, prohibían el matrimonio entre blancos y negros.
Hitler en el poder: el camino al totalitarismo
Tras su nombramiento como canciller, Hitler procedió a establecer un régimen totalitario en Alemania. En febrero de 1933 promulgó un decreto que establecía limitaciones al derecho de reunión y a la libertad de prensa. El incendio del edificio del Reichstag, el 27 de febrero de 1933, sirvió para desencadenar una violenta persecución contra sus militantes y para suprimir los derechos fundamentales reconocidos en la Constitución. Las elecciones de marzo de 1933 depararon un nuevo triunfo del partido nazi. Hitler aprobó entonces una ley de plenos poderes.
El establecimiento del régimen nazi
A partir de 1933, una serie de medidas completaron el proceso de nazificación de Alemania:
- Ilegalización de los partidos socialdemócrata y comunista: la medida se hizo extensiva poco después a las restantes organizaciones políticas y, a partir de julio de 1933, se instauró por ley un régimen de partido único.
- Unificación de los Länder: mediante la supresión del sistema federal y la disolución de los parlamentos territoriales.
- Depuración de la administración: exclusión de los escalafones oficiales de todos aquellos funcionarios considerados opositores o indeseables.
- Refuerzo de la represión: dotación de funciones policiales a las SS, creación de la Gestapo y, en 1934, inicio de la construcción de campos de concentración.
- Eliminación de la disidencia: en las SA se habían producido críticas a la concentración de poder en manos de Hitler y a la deriva capitalista del partido. En junio-julio de 1934, Ernst Röhm y los principales dirigentes de las SA fueron asesinados.
- Conquista del «espacio vital»: expansión territorial necesaria para el desarrollo de la raza aria y para la rectificación del Tratado de Versalles.
- Hitler, jefe de Estado: se convirtió en Führer, es decir, en caudillo y canciller del III Reich.